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martes, 17 de febrero de 2009

Matilda de Roald Dahl



Matilda es una historia exquisita y tiene todos los ingredientes para mantenerte atent@ a la lectura. Es una historia lineal, narrada en tercera persona, sobre una niña y su horrible familia.
Cada vez que he leído algún libro de Roald Dahl me he sentido transportada a una realidad mágica, llena de sutiles detalles que han conseguido que cuestione si es magia o realidad la que observo como lectora.
Los personajes de esta novela no tienen desperdicio y hemos convenido con los chicos (en esta ocasión eran sólo chicos) que los padres de Matilda merecerían un apartado especial, pues en ellos convergen todos los defectos habidos y por haber de cualquier padre o madre de este mundo. Es decir que ellos eran absolutamente malos padres. No tenían nada que les redimiese.
No resulta extraño que Matilda se alimentase de cultura y fuese a través de los libros que perfilase una personalidad rica y agradable, en el fondo para escapar del vacío intelectual que le proporcionaban sus padres y del vacío emocional en el que había nacido
La Trunchbull es otro personaje que requiere de un reconocimiento especial, aunque de estas es más fácil encontrarse por ahí, que aunque no te envíen a la “ratonera” se les puede oler el desagrado que sienten por l@s pequeñ@s a grandes distancias.
Suerte para Matilda que tiene a la señorita Honey, que es la antitesis de sus padres y de la Directora. Una persona respetuosa y preocupada por la infancia, que da crédito a sus aptitudes y busca potenciarlas. Ojala todas las personas fuesen así.
Tanto el libro como la película son absolutamente recomendables, de fácil lectura y con unas betas humorísticas muy buenas.
Si no lo has leído aún, ¡por favor léelo! Y de paso ve la película.
Abrazos y nos estamos leyendo.