
Hablar de los personajes de Sentido y Sensibilidad me resulta muy grato, ya que los personajes de esta novela, son como del día a día.
Eleonor, es una mujer que se ha repetido en mi vida muchas veces, la he visto hasta el cansancio. Reservada, introvertida, contenida, responsable, juiciosa, amable, sensible, y tantos otros adjetivos. Pero Eleonor tiene un problema (las otras mujeres también lo tenían), no es feliz. Y claro, como se puede ser feliz cuando la felicidad pende de hilos ajenos. Por ejemplo, su cuñada Fanny Dashwood , esa mujer tan desagradable, que consigue despertar todo el egoísmo de su esposo, el hermanastro de Eleonor, John Dashwood. Otro ejemplo de manipulación es la de Mrs. Ferrars, que al igual que su hija maneja las vidas de sus hijos bajo la amenaza de desheredarles. Pero bueno, Eleonor tiene también otros problemas que promueven aunque nunca manifiestamente su infelicidad, y estos han de ser más graves, creo, ya que los tiene en casa. Sí, por que la señora Dashwood, y sus hijas, Marianne y Margaret, no aportan demasiado a la felicidad de Eleonor, y no es porque no la quieran, es sólo que sus vidas también son complicadas. La señora Dashwood venida a menos después de la muerte de su esposo, Margaret que se sentirá perdida ante todos estos cambios que suceden tras la muerte de su padre y por supuesto Marianne, que tiene sus miras puestas en un sentimiento más apasionado, más rebelde, más aventurero.
En realidad la única persona de la novela que otorga felicidad a Eleonor es Edward Ferrars; pues sí, este chico tímido y retraído es quien con su sola presencia, con sólo unas palabras, apenas alguna mirada algo más persistente, da a Eleonor la razón y la sin razón. Cierto es que Edward como personaje, no es interesante y avasallador como el encantador John Willoughby, que termina destrozando todos los sueños de Marianne, pero ya ven, Edward sí termina casándose con Eleonor, por tanto los fuegos de artificio que adornaban a Willoughby no eran sinónimo de nada. Respecto a este personaje, algo en él parece rescatar la figura indeseable que proyecta, y es que su corazón (ambicioso) sí latía por Marianne, y por lo visto no hizo un matrimonio feliz. Sin embargo Marianne sí consiguió la dicha que trajo la madurez y paciencia del Coronel Brandon.
Del resto de los personajes no tengo mayores comentarios; tal vez por insoportables podría mencionar a señora Jennings y Lucy Steele. De estas damas decir que me resultan tan agotadores sus personajes que es precisamente en eso, donde siento que Jane Austen retrata sus gentes con maestría.
Cariños y nos estamos leyendo.
Eleonor, es una mujer que se ha repetido en mi vida muchas veces, la he visto hasta el cansancio. Reservada, introvertida, contenida, responsable, juiciosa, amable, sensible, y tantos otros adjetivos. Pero Eleonor tiene un problema (las otras mujeres también lo tenían), no es feliz. Y claro, como se puede ser feliz cuando la felicidad pende de hilos ajenos. Por ejemplo, su cuñada Fanny Dashwood , esa mujer tan desagradable, que consigue despertar todo el egoísmo de su esposo, el hermanastro de Eleonor, John Dashwood. Otro ejemplo de manipulación es la de Mrs. Ferrars, que al igual que su hija maneja las vidas de sus hijos bajo la amenaza de desheredarles. Pero bueno, Eleonor tiene también otros problemas que promueven aunque nunca manifiestamente su infelicidad, y estos han de ser más graves, creo, ya que los tiene en casa. Sí, por que la señora Dashwood, y sus hijas, Marianne y Margaret, no aportan demasiado a la felicidad de Eleonor, y no es porque no la quieran, es sólo que sus vidas también son complicadas. La señora Dashwood venida a menos después de la muerte de su esposo, Margaret que se sentirá perdida ante todos estos cambios que suceden tras la muerte de su padre y por supuesto Marianne, que tiene sus miras puestas en un sentimiento más apasionado, más rebelde, más aventurero.
En realidad la única persona de la novela que otorga felicidad a Eleonor es Edward Ferrars; pues sí, este chico tímido y retraído es quien con su sola presencia, con sólo unas palabras, apenas alguna mirada algo más persistente, da a Eleonor la razón y la sin razón. Cierto es que Edward como personaje, no es interesante y avasallador como el encantador John Willoughby, que termina destrozando todos los sueños de Marianne, pero ya ven, Edward sí termina casándose con Eleonor, por tanto los fuegos de artificio que adornaban a Willoughby no eran sinónimo de nada. Respecto a este personaje, algo en él parece rescatar la figura indeseable que proyecta, y es que su corazón (ambicioso) sí latía por Marianne, y por lo visto no hizo un matrimonio feliz. Sin embargo Marianne sí consiguió la dicha que trajo la madurez y paciencia del Coronel Brandon.
Del resto de los personajes no tengo mayores comentarios; tal vez por insoportables podría mencionar a señora Jennings y Lucy Steele. De estas damas decir que me resultan tan agotadores sus personajes que es precisamente en eso, donde siento que Jane Austen retrata sus gentes con maestría.
Cariños y nos estamos leyendo.
